La RedEOL participó en el coloquio «Estudios sobre el final de la vida y el duelo» en Lovaina

El coloquio “Études sur la fin de vie et le deuil : enjeux épistémologiques, méthodologiques et éthiques” (Estudios sobre el final de la vida y el duelo: desafíos epistemológicos, metodológicos y éticos), celebrado el 1 de abril en la Universidad Católica de Lovaina (Bélgica), reunió a diversos investigadores con el objeto de profundizar en el estudio de las formas tradicionales de entender el duelo y proponer miradas más abiertas y críticas. Tal y como se explicó en un post anterior La Red EOL estuvo presente con una ponencia invitada impartida por su presidente, Manuel Fernández-Alcántara. A continuación, se destacan algunos de los principales temas abordados a modo de reseña.

En la apertura, Emmanuelle Zech realizó una introducción al coloquio planteando que el duelo no es una realidad fija ni universal, sino una experiencia moldeada por marcos históricos, sociales y culturales. Frente a una perspectiva positivista —que tiende a clasificar el duelo como normal o patológico—, defendió enfoques fenomenológicos que subrayan su carácter dinámico y contextual. Además, señaló importantes retos metodológicos, como las muestras frecuentemente occidentales y poco representativas, la invisibilidad de ciertos duelos no reconocidos y la necesidad de incorporar una mayor reflexividad en la investigación.

La primera de las conferencias, realizada por Cécile Flahault abordó el impacto de la muerte en el entorno escolar, mostrando algunos resultados de un proyecto todavía en marcha. Aunque se trata de eventos poco frecuentes, sus efectos pueden ser profundamente traumáticos: hasta un 16% de los adolescentes podría desarrollar un duelo prolongado en estos casos. Sus resultados cualitativos mostraron cómo los jóvenes mantienen un vínculo activo con el compañero fallecido —a través del recuerdo y los rituales—, pero también evidencian un vacío institucional: el silencio en las aulas y la falta de pautas pueden generar soledad e incertidumbre en los niños/as y adolescentes.

Por su parte, Christiane Bergeron-Leclerc y su equipo presentaron un amplio estudio con más de 32.000 estudiantes en Quebec sobre la pérdida parental antes de los 25 años. Los datos muestran mayores dificultades socioeconómicas y académicas, así como niveles más elevados de depresión. Sin embargo, también emergen resultados contraintuitivos: algunas personas reportaron niveles de bienestar similares o incluso superiores a pesar de haber sufrido una pérdida parental en la infancia. Factores como la soledad, las dificultades escolares o la discapacidad aparecen como predictores clave, lo que apunta a la complejidad del duelo y a la necesidad de comprender mejor los procesos de resiliencia.

En tercer lugar Manuel Fernández-Alcántara realizó un recorrido por el estudio de diferentes duelos desautorizados dentro de la línea de investigación de Evaluación de duelo y pérdidas del Grupo de Investigación CTS-436. Propuso un modelo basado en tres tiempos lógicos para poder dar cuenta de los fenómenos de desautorización: el momento ideal o imaginario, el momento de la pérdida y de la elaboración del duelo. En cada uno de ellos tienen cabida tanto los procesos propios del doliente como los aspectos sociales que pueden verse especialmente dificultados en los duelos desautorizados. Finalmente, se destacó la importancia de identificar y conocer los obstáculos o dificultades específicas en cada uno de estos duelos.
En el ámbito de los cuidados paliativos, Léonor Fasse presentó los resultados de varios proyectos de investigación de corte longitudinal que subrayan una idea fundamental: anticipar la muerte no significa anticipar el duelo. La experiencia de “pre-duelo” no sustituye al proceso posterior, y variables como la depresión previa predicen la intensidad de las reacciones de duelo. En esta línea, también se abordó la experiencia de la sedación profunda en Francia, donde los familiares viven un tiempo “liminal”, marcado por la incertidumbre —la muerte es inminente pero impredecible— y por la necesidad de dar sentido a la experiencia.
Uno de los aportes más innovadores vino de la mano de Jacques Cherblanc, quien cuestionó la creciente normativización del duelo en las sociedades occidentales. Modelos como el del proceso dual o los vínculos continuos—originalmente descriptivos— corren el riesgo de convertirse en prescripciones sobre cómo “debería” vivirse un buen duelo. Frente a ello, propuso retomar aspectos provenientes de corrientes espirituales como el taoísmo. Desde esta perspectiva, el duelo implica una co-presencia de contrarios (presencia/ausencia, certeza/duda) y una transformación del vínculo con el fallecido en distintos planos: epistemológico, ontológico, identitario, afectivo y simbólico.
Finalmente, Chantal Verdon abordó la relación entre duelo perinatal y la temporalidad desde una metodología cualitativa. Sus resultados cuestionan la idea de etapas lineales y muestran el duelo como una experiencia profundamente subjetiva. Los participantes describen no solo la pérdida del ser querido, sino también del pasado compartido y del futuro imaginado, así como la necesidad de hacer duelo de la propia identidad previa.

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